Sentimiento de culpa en deudos por suspensión de ceremonia de entierros

Lo que estamos viviendo en este largo proceso de pandemia por el Covid 19, no tiene comparación con los fallecimientos cotidianos y constantes de toda la vida, consideró la teóloga con especialidad en consejería familiar Ana Argente, tras suspenderse los rituales por muerte en el país.

El perder a un ser amado, siempre es doloroso, aunque este tenga un padecimiento de tiempo atrás y que uno conozca el desenlace. Cuando finalmente ocurre el fallecimiento del enfermo, de inmediato se lleva a cabo el protocolo religioso, rezos, velatorio, los ocho días, misa, entre otros, o bien, si la familia profesa el protestantismo, pues se apegan al ritual de dicha religión.

Ahora, en este hecho histórico que vive la humanidad a causa del Covid19, enfermedad que ha ocasionado la muerte de miles de ciudadanos en el mundo, el dolor ante estas pérdidas sin duda es aún mayor porque cuando los pacientes, son ingresados a un hospital carecen del consuelo de acompañarlos en sus últimos momentos.

La especialista en consejería familiar mencionó que los deudos al saber que su enfermo falleció sólo desarrollan sentimiento de culpa de manera constante en su vida intensificándose ante esta cruda realidad.

El impacto es terrible y deja a la familia en un profundo estado de desconsuelo que retrasa el sano proceso de duelo que se debe vivir con la muerte de cada ser humano porque no podemos acompañarlos en su agonía, ni siquiera ver su cuerpo después, porque no hay oportunidad de despedirlo con los rituales acostumbrados en épocas normales. Esto hace que el dolor se intensifique, aunado a que tan sólo recibes las cenizas de lo que fuera un esposo, una madre, un hermano, un amigo.

El hombre trae una fecha de caducidad y a pesar de saberlo, no sólo le tememos a la muerte, sino que vamos por la vida sin la plena conciencia de nuestra finitud.

El protocolo religioso: rezos, misa y velorio, más que para el difunto, es un proceso para ayudarnos a comprender la partida de un ser querido y aliviar así, aunque sea un poco nuestra pena.

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